Escrito por Shanti Kaur

Durante 30 años estuve escuchando a Yogi Bhajan hablar de sus muchas guías espirituales. Sin embargo, solo hay un hombre al cual llamó su maestro, y ese fue Sant Hazara Singh de Gujaranwala (un área del norte de la India que ahora es parte de Pakistán). Nada cambiaba su semblante tan dramáticamente como cuando recordaba a “Santji” De repente, sus recomendaciones se volvían más suaves, sus ojos buscaban en el pasado distante, el dolor de la separación como una herida abierta.  Cuando él hablaba de su propio maestro espiritual, sabías que era un asunto muy profundo.

Hace tiempo comencé a compilar esas historias, no solo porque me daban una mejor ventana hacia mi propio maestro, sino porque me ayudaron a entender que yo soy, en realidad, parte de la eterna Cadena Dorada. En un sentido real, Sant Hazara Singh es mi maestro también.

Todo comenzó para el Siri Singh Sahib a una edad muy temprana, cuando aún era conocido como Harbhajan Singh. Él recordaba:

“Nací dentro de una familia muy rica.  Jugaba con diamantes y tenía gran autoridad. Era el hijo mayor de una dinastía que aún gobernaba, como el príncipe de Gales, y tuve muchas oportunidades de actuar como un idiota total. Había cientos de sirvientes quienes tomaban mi palabra como la ley, y pude tener lo que sea que quisiera, como un niño rico y malcriado.
Pero tuve la suerte de tener un abuelo muy santo y una familia con una tradición de santidad y disposición. Conocí a muchos hombres santos quienes llegaban a nuestra casa y escogí a un maestro muy santo. El hecho de que decidiera tomarme como alumno fue considerado por mi familia como algo muy bueno. Su marca en mi es muy profunda, lo amo aún ahora.  ¿Sabes que aún ahora no puedo reconocer la cara de mi abuelo o de mi maestro? Yo nunca, nunca miré sus caras, pero puedo dibujar perfectamente sus pies.  Esa es la conciencia en ello.” Yogi Bhajan

Harbhajan solo tenía ocho años cuando conoció a Sant Hazara Singh, un gran místico y yogui de su tiempo.  Era también un renombrado jinete y un perfecto maestro de Gatka, la ancestral arte marcial Sikh.  Harbhajan estaba profundamente atraído hacia Sant Hazara Singh, quien tenía una maestría sobre todos los aspectos de la vida, así que preguntó a sus padres si podría aprender de él.  Su abuelo, Bhai Fateh Singh, hizo la propuesta y con gran alegría la familia se enteró de que Santji había accedido a tomarlo como su estudiante.

El futuro Yogi Bhajan empacó todas sus ropas y, con su madre y muchos de sus sirvientes, fue al ashram de Sant Hazara Singh. Cuando Santji vio a Harbhajan Singh llegar lleno de pompa aristocrática, lo envió a casa sin siquiera dejarlo bajar del carruaje. Le dijo que regresara solo con únicamente lo que pudiera cargar. Y cuando Harbhajan regresó, le dijo que no viniera al ashram principal, sino que se quedara en uno de los complejos de fuera.

Ahí estuvo muchos años, mientras tanto, estudió Gatka atentamente. San Hazara Singh era un legendario maestro de la espada, y supervisaba el entrenamiento de todos los estudiantes. Era un maestro muy duro y estricto, y no había espacio para el error.

“Cuando estaba aprendiendo Gatka teníamos una arena en la cual practicábamos este arte marcial.  Bajo las ordenes de mi maestro entré al campo, y pensé, “Me van a poner una o dos personas para practicar”. Era muy inusual porque no me dieron ningún escudo; solo me dieron una espada. Para mi asombro, seis personas entraron para enfrentarme, armadas con grandes lanzas, las cuales son las más difíciles de combatir. “Esperen un minuto” grité, “Esto no es justo” Cuando mi maestro escuchó esto, envió a dos más, así que enfrenté a ocho muchachos que comenzaron a rodearme.

Mi maestro me dio las instrucciones. Me dijo, “En cualquier lucha siempre hay tres alternativas.  Puedes retirarte.  Puede pelear con justicia y reserva o puedes luchar fieramente hasta la victoria. Si luchas con reserva, entonces tus oponentes no pueden ser agresivos. Entonces solo lucharan sobre los signos y las señales. Así que esta es la forma.

Me dije a mi mismo, “Bueno, yo no pedí esto! Yo no sabía de que iba a enfrentar a estos muchachos hoy. Pero ya que estoy aquí, no los voy a decepcionar.” En mi corazón, le pedí al Guru. Dije, “Tú sabes qué tan podrido estoy, pero querido Dios, tienes que estar junto a mi ahora, de otra manera, no voy a poder hacer esto.”

Lo creas o no, en media hora tuve las cabezas de ocho espadas tiradas en el piso, pero no toqué sus manos. Ellos entendieron, y supieron que sus manos podrían ser cortadas si me dejaba ganar.

En la tarde cuando estábamos sentados todos juntos, ellos dijeron, “Bueno Bhajan, porqué no nos cortaste las manos?” Yo dije, “Fue el Guru quien estaba combatiendo, no yo. No había venganza en mi corazón incluso cuando ustedes me estaban atacando de izquierda a derecha.”  Y nos reímos, comimos y nos regocijamos.” Yogi Bhajan

Cuando el joven Harbhajan Singh fue a vivir y a estudiar directamente con Sant Hazara Singh, su vida y personalidad pasaron por cambios dramáticos. Largas horas fueron dedicadas al estudio del Kundalini Yoga, practicando posturas y kriyas hasta que los estudiantes no solo las perfeccionaban, sino que también las entendían.

“Mi maestro era muy duro, no me hubiera gustado tenerlo como enemigo. Pero lo bonito fue que, como era tan duro, lo imposible se volvía posible bajo sus órdenes. Un día nos sentó con las manos estiradas y derechas. Pudimos entender que esto fuerza a la espina para que se ajuste a su estado original. Luego el sushmana (nadi central o canal nervioso en la espina) fluye al cerebro. Hicimos esto por dos horas y media sin bajar nuestros brazos – y luego de esto, nos tomó cinco horas poder mover nuestras manos de nuevo.” – Yogi Bhajan

Sant Hazara Singh era muy estricto, y demandaba total obediencia.  Esta disciplina era la llave para la fuerza que cultivaba en sus estudiantes. Cuando Harbhajan Singh comenzó a entrenar había más de 250 estudiantes con él, pero solamente 15 terminaron. A menudo, si un estudiante se resbalaba incluso una sola vez, era expulsado. Una vez un alumno falló una prueba crítica, y sabía que Santji lo enviaría a casa. En agonía, él se arrojó a los pies de su maestro, las abrazó tan fuerte como pudo y le dijo que no lo soltaría. El tiempo pasó. Por ocho horas Sant Hazara Singh apenas y podía sostenerse ahí con el alumno llorando y agarrado a sus pies. Después de un rato, el alumno se cansó y relajó sus brazos. Santji simplemente se volvió y se alejó. El estudiante fue enviado a casa.

Tuve un maestro muy estricto. Un día me dijo,  “¿Crees que soy cruel?” Le dije, “Sí, creo que sí.” Y él dijo, “¿Sabes porqué?” Y le dije, “Sí, sí se porqué. Para que nunca nada parezca cruel para mi otra vez. “Él movió su cabeza y dijo, “Tienes razón”.
Eso fue verdad. Una vez mi maestro ató mis manos atrás de mi espalda, y le pidió a otro estudiante que me golpeara y que no parara. ¡Luego él simplemente se fue! El muchacho me golpeó y me golpeó. Yo estaba hinchado y sangrando, mi turbante se había caído y ninguna parte de mi cuerpo estaba sin golpear. Finalmente, el muchacho se cansó y le dio asco la brutalidad, y como Santji no estaba ahí, dejó de pegarme. Yo brinqué y grité con mis labios abiertos “¡Gané, gané! ¡Tú te detuviste pero yo no!”

Un día estaba caminando hacia el pueblo con mi maestro.  Casi nunca podía ir al pueblo ¡y estaba emocionado! Me vestí con pantalones occidentales y una camisa para la ocasión, me había vestido con mucho estilo. Cuando estábamos cerca del pueblo, mi maestro señaló hacia un árbol y me dijo que lo trepara, lo cual hice. Me dijo, “Siéntate en esa rama hasta que regrese y no bajes por ninguna razón.”
Me dejó colgado en el árbol, con mis ropas occidentales por tres días.  Ni siquiera sabía como orinar, defecar, comer o dormir o qué hacer. Por tres días me senté ahí, sin saber lo que había ocurrido, o qué iba a ocurrir.  De alguna manera sobreviví, y para mi gran alivio vi su figura familiar caminando por el sendero.  Me bajé del árbol y dijo, ¡Oh, eres tú. Vamos. Apresurémonos. Estás caminando muy despacio.” Yo pensé, “¡Sí claro, tú siéntate ahí por tres días y veamos cómo te sientes!”

“Pero no había nada que estuviera dispuesto a decir.  Recuerdo una vez que fui a ver a mi maestro. Era media noche y me dijo, “¡Ajá! Estaba esperando que vinieras.” Eso me hizo sentir muy bien, y le dije, “Señor ¿qué puedo hacer por usted?”. Me dijo, “Necesito yogurt.” Eso era un problema. En la India solo existe yogurt casero, y a la una de la mañana nunca está listo. Si me lo hubiera pedido a las cinco o seis de la mañana, yo le hubiese llevado un gran cargamento. Pero las personas ponen los cultivos en la leche como a las ocho o nueve de la noche, y el yogurt simplemente no está listo a la una de la mañana.  Así que le pregunté qué tanto necesitaba y me dijo, “Todo lo que puedas traer.”

Me senté un minuto y lo pensé. Me di cuenta de que este hombre sabía que a esa hora de la noche, obtener yogurt casero era imposible. Pero en lugar de decir no, o de inventar una excusa, le dije, “Sí señor. Gracias, señor” y me fui. Como a las 5.30 de la mañana, le traje tanto como necesitaba y tanto como podía usar en su casa entera. Él no dijo una palabra, y yo tampoco dije una palabra. Yo sabía que había una prueba en esa tarea. Me dijo que fuera y lo trajera, pero nunca dijo que regresara de inmediato. Esto es lo que hacen los maestros. Prueban tu inteligencia, tu habilidad y te dan filo. Las cosas que no tiene filo nunca penetran y la gente sin filo no vive verdaderamente. Un maestro te hace filoso.” Yogi Bhajan

Después de años de estudio, llegó un día en que el estudiante,de repente, se convirtió en el Maestro:

Cuando tenía dieciseis años y medio mi maestro me llamó a su habitación y me dijo, “Bhajan, eres perfecto”. Yo le dije, “No, señor. Solo Dios es perfecto. Dios hace todo”. Después de dos horas de discusión, él dijo, “Siento ganas de postrarme ante ti.” Yo le dije, “No, Señor, yo me postro ante usted todos los días. Si usted se postrara ante mi alguna vez, sería porque me está enseñando como postrarme correctamente, eso es todo.” Cuando vio que no podía romperme, se rió y me pregunto, “¿No tienes sentimientos?” Yo contesté, “Tengo este sentimiento: Es el sentimiento que me usted me ha enseñado muy bien.  Me ha dado experiencia. Ahora yo entiendo.” Él dijo, “Está bien, explícame tu experiencia.” “Señor, la experiencia es como cuando uno es ciego toda su vida, y luego, un buen día, le dan ojos y mira la belleza del mundo. ¿Qué puedo decir?” “Está bien” preguntó “¿Qué te dice?” Cerré mis ojos y dije, “Wha! He visto la Infinidad en experiencia.” “Bhajan”, me dijo “¿No eres feliz?” Y yo dije, “No soy infeliz. Pero no hay nada en esto para estar feliz por nada, porque ahora el trabajo duro va a comenzar.”

Cuando salí de su habitación, todos los demás estudiantes me preguntaron, “¿Qué te dijo?” Les dije que me había dicho, “Tú eres un maestro.” Ellos estaban asombrados y dijeron, “¿Lo eres?” Y luego todo el mundo lo aceptó. Ni siquiera tomó un minuto. Nadie me probó. Nadie lo checó. Él simplemente lo dijo; se los expliqué, y así fue. Así es como funciona. No necesité hacer nada. Yogi Bhajan

La última lección enseñada a Harbhajan por las manos de Sant Hazara Singh fue incluso más dolorosa que la primera. En 1946, toda la India se levantó en contra de la ocupación de la Gran Bretaña. El cambio era seguro, y la partición de la India era inminente. Un día, todos los estudiantes fueron llamados en presencia del poderoso maestro. Sant Hazara Singh anunció que estaban a punto de entrar en un periodo de “infierno viviente”, un tiempo de peligro y de guerra. Él dijo, “Mi tiempo como su maestro ha terminado, y a donde voy ahora ustedes no me pueden seguir. Sus órdenes finales son dejarme, y nunca más nos volveremos a ver cara a cara nuevamente. Harbhajan estaba en shock, pero tomó esa orden como estaba entrenado para hacerlo, con la más infinita obediencia.

Sant Hazara Singh pasó muchos peligrosos y difíciles años como luchador por la libertad, moviéndose en secreto y viviendo oculto durante la lucha por la independencia. Después de la partición, vivió una vida pacífica en matrimonio y levantó una familia en la aldea de Dora.  Aunque Yogui Ji se mantuvo informado de donde estaba Sant Hazara Singh, y de cómo le estaba yendo, este devoto y disciplinado estudiante obedeció estrictamente sus últimas órdenes.  El dolor de la separación era muy grande. Yogi Bhajan recordó una ocasión cuando estaba pasando por la aldea de Santji, y envió un mensaje con su mensajero diciéndole que estaba en los alrededores. El mensaje regresó de Santji, “Yo sé que está ahí. Díganle que continúe.”

Mi maestro sacó de mi no al hombre, no al hombre de Dios, no al gran hombre, sino al verdadero ser humano.  No hay nada en el mundo con lo cual pueda pagarle en tributos, en cumplidos y en gracias. Él hizo el trabajo más maravilloso. Yo solía decir que yo era una nuez, pero él apretó todas mis nueces tan bien, que me convertí en el mejor. Es por eso que hoy digo que la calamidad es mi desayuno, la tragedia es mi almuerzo y la traición es mi cena.  Si puedes comer todas esas cosas y digerirlas, eres la mejor persona. Eso fue lo que me dio mi maestro. – Yogi Bhajan

Y eso, a cambio, es lo que Yogi Bhajan nos ha dado a nosotros.

EL MAESTRO DE MI MAESTRO por Shanti Kaur  Copyright © 2005 Revista Aquarian Times. New Mexico. USA

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